La gestión de Cristina Fernández sumó un conflicto en estos días con un grupo de gobiernos y países a los que les debe especialmente más de una mano política. El método empleado en la decisión no hizo otra cosa que ratificar el discutido modo que eligió para manejar ciertos aspectos del comercio y los negocios. La aplicación de las licencias no automáticas y el freno a las importaciones de insumos no sólo agrieta las relaciones exteriores con uno de los principales socios -la Unión Europea (UE)- también echa sombras en la evolución económica de muchos sectores, algunos de ellos de valor para Tucumán. Las reacciones provinieron de todos lados, pero desde la UE llegó la advertencia más explícita. Las medidas generan una relación conflictiva e importantes obstáculos al comercio y a la inversión, señaló el embajador en el país, Alfonso Díez Torres. El bloque es el principal socio comercial y el gran inversor del Mercosur. Las trabas estarían alcanzando al 15% de las exportaciones del bloque europeo a la Argentina, pero para España o Italia, las medidas repercutirían más porque las restricciones a sus envíos implicarían un 20% del total de las exportaciones. La resolución adoptada no impide el ingreso de productos comprendidos en la resolución, pero somete el trámite del permiso para importar a un proceso de revisión que puede durar 60 días. Son unos 600 productos expuestos a licencias no automáticas para su importación, con la intención de proteger la industria local y mantener los niveles de ocupación de las fábricas.
¿Es ese el mejor modo de sostener el rumbo económico? Ocurre que muchos de los sectores beneficiados inicialmente le encuentran reparos a la medida y advierten que el criterio es más perjudicial que efectivo. "Está bien que el Gobierno salve empresas, pero se lo tendría que haber hecho con más estudios porque lo primero que surge es que aumentarán los costos y la burocracia en las empresas para lograr importaciones, y aunque se apoye la medida, es real que muchos productos que vienen de afuera son competitivos y fundamentales para nuestras producciones, y no se fabrican en el país", reflexionó una alta fuente empresaria tucumana.
Desde la Nación no ven las cosas con el mismo prisma y dicen que no es un problema con los europeos, sino con las importaciones proveniente de China. "Son medidas legítimas y generales que los países toman ante una competencia desleal. Brasil impone licencias no automáticas de un 20% de su nomenclador, y la Argentina no llega ni al 6%. Y los eurodiputados ya advirtieron que no van a hacer ninguna concesión al Mercosur en la política europea agrícola, ante el reinicio de las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio. Y nadie se quejó en Europa con la decisión que afectaría mucho a la Argentina; pero aquí hay muchos prejuicios", indica un hombre del staff cristinista.
Con la polémica instalada y mientras el contencioso deja sus secuelas diplomáticas, por aquí algunas cosas comienzan a verse turbias. No sólo vendedores de vehículos de alta gama y de maquinaria para el agro, importadores y respuesteros sienten la volteada. Las limitaciones se presentan como una amenaza para sectores como el metalmecánico que requiere de insumos para la aleación en las fundiciones de metales. Hay quienes creen que no pasarán muchos días para que se sienta el faltante de productos en los talleres industriales. Ya en la zona franca de Tucumán se puede observar un acopio de mercadería que no tiene autorización para despacharse.